Poseo mi primera obra de arte original. Y aunque no me la encontré tirada en la basura, no me costó ni una moneda. Me la regaló su autor, sin conocerme. Se la pedí por internet y, como fui la primera en hacerlo, él me la adjudicó. Le puso la numeración correspondiente y su firma por detrás como garantías de unicidad y originalidad, la envolvió con cuidado, la metió en un sobre y me la envió desde Nueva York directo a mi casa en Madrid. Sin pedirme nada a cambio.
El generoso artista se llama Jason Polan, y la obra que me mandó -me temo que la primera que envía a un país hispanoparlante- es el dibujo número 14 de la serie que compone The drawing project.
Con esta revolucionaria iniciativa, Polan indaga en las nuevas formas creativas y de distribución del arte que permite la web 2.0. Un espacio donde los canales se abren y se expanden hasta alcanzar virtualmente a toda la comunidad internauta, y donde las nociones de autoría y propiedad (intelectual y física) obligadan a los artistas (también deberían pensarlo y actuar en consecuencia los demás eslabones de la cadena) a un urgente replanteo de base para adecuarse a la disminución de controles y a la eliminación de intermediarios.
Polan expone sus dibujos en su “galería de arte virtual” a la espera de visitantes interesados en adquirirlos. Publica uno cada día, todos únicos y de temática y estilo diferente. La primera persona que se lo solicita (hay que estar pendiente y “refrescando” la página constantemente porque enseguida cuelga el cartel de “no longer available”) recibe una confirmación de su suerte en su buzón de correo electrónico y, una semana después, un sobre también ilustrado por el artista con la obra que escogió.

Links:
Blog personal de Jason Polan
Taco Bell Drawing Club, que integra Polan

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