El género reality show –que básicamente puede ser definido como un concurso protagonizado por personajes reales que son sometidos al voto del público y vigilados en forma continua por las cámaras- llegó hace unos años a las televisiones de todo el mundo para quedarse. Hoy no hace más que reproducirse en nuevos programas que varían ligeramente sus reglas, el perfil de los participantes y las características de los desafíos que se les plantean (cada vez más extremos: no hay mejor manera de potenciar los conflictos internos y el morbo externo) pero que aún así pueden ser agrupados en cuatro grandes clases.
La primera es la del reality más popular: Gran Hermano y sus variantes (Gran Hermano VIP, Hotel Glam), que también puede ser clasificado como el más “puro” en cuanto a formato, pues se basa en una convivencia forzada entre extraños vigilados por cámaras, sin mayores objetivos fuera del de “aguantar” esa situación el mayor tiempo posible. El segundo gran grupo parte del anterior pero sale afuera en busca de los escenarios más exóticos y trabajosos: granjas de animales, inhóspitas islas caribeñas, alejados parajes selváticos. En este caso se pone a prueba la convivencia entre extraños pero en un entorno que les supone una auténtica prueba de supervivencia, en los que además de su salud mental arriesgan la física. El tercer estilo de reality es aquel en el que los participantes compiten en un ámbito cerrado por ganar un premio concreto que construyen entre todos, como es el caso de La casa de tu vida. Por último, la cuarta variante también se desarrolla en un espacio limitado pero en este caso reúne a candidatos con determinado talento común en una especie de escuela en la que deben perfeccionar en poco tiempo su arte y competir sobre un escenario.
A mí este último es el único que me resulta digerible. Me resulta entretenido ver la instrucción de aspirantes a cantantes (Operación Triunfo, Hijos de Babel, Factor X, Popstars), bailarines (Fama) y -algo menos- modelos (Supermodelo) o cocineros (Esta cocina es un infierno) y comprobar semanalmente sus progresos, y agradezco que se destine más tiempo de emisión a sus clases y dificultades técnicas que a sus discusiones domésticas y escarceos bajo las mantas.
Pero aún así el riesto de empacho es evidente. En estos momentos la televisión española emite, además de Fama (Cuatro) y de Hijos de Babel (TVE),  los muy similares Tú sí que vales (Telecinco) y Tienes Talento (Cuatro), en los que Sarah Jessica Parkerlos participantes compiten con talentos muy disímiles que van desde la acrobacia, el humor o el dominio del violín hasta ridículas y bochornosas capacidades como ponerse pinzas en cualquier parte del cuerpo o manejar flatulencias a piacere.
Es, sin embargo, la televisión estadounidense la que lleva la cabecera a la hora de crear nuevas variantes, a cual más imaginativa y sorprendente. Desde uno en el que se busca convertir a recatadas jovencitas en estrellas porno, pasando por el que selecciona a trabajadores para Donald Trump hasta otro en el que cuarenta niños lucha por sobrevivir en un pueblo fantasma. La última novedad viene revestida de un cariz más “serio” y apoyada en la imagen de la actriz de Sex and the city Sarah Jessica Parker. Se trata en este caso de un reality sobre el mundo artístico, en el que doce aspirantes se someterán a los retos de un jurado y a la opinión del público creando originales obras de arte en distintas disciplinas (escultura, pintura, grabados, diseño industrial, fotografía, etc). La actriz encabeza el proyecto, aún sin título ni contrato con una cadena, desde su productora Pretty Matches.

Posts relacionados:
Academia de escritores, el virtuality

Anuncios