Al entrar al edificio nos encontramos con una vecina esperando el ascensor. Llevaba a un chucho de pelo marrón claro atado a una correa. Al vernos, y tras responder a nuestro saludo, se fue hacia el final del pasillo y desde allí nos dijo:

Vecina – Yo voy en este ascensor con mi perrito. Vosotros id en el otro, que enseguida baja.
El indicador luminoso señalaba que el ascensor al que nos destinaba la señora estaba en el último piso, el 14.
Yo – No se preocupe, si cabemos todos en ese.
Vecina – No, por favor, nosotros vamos en este y vosotros en el otro. ¡Que sólo tenéis que esperarlo un momento, hombre!
Yo – Ah, pero no, en serio, si nos encantan los perros. No nos molesta para nada.
Vecina – ¡Id en el otro!….No quiero que nadie moleste a mi perrito.

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