Hace unos días en una biblioteca pública, junto a la máquina de café.

-Hola, qué tal. ¿Eres investigadora?
-No, no, qué va.
-¿Qué haces?
-Me estoy documentando para un trabajo. Soy periodista.
-Ah…¿Sobre qué asunto?
-Mmmm…sobre la arquitectura de un barrio de Madrid -no era la verdad exacta, pero qué más daba.
-¿Para un reportaje?
-Bueno, sí, algo así. ¿Y tú qué haces? -dicen que no hay mejor defensa, en este caso frente a la indiscreción, que un buen ataque.
-Yo soy investigador.
-…
-Soy experto en la inquisición española en I. Es un pueblo de Murcia.
-…
-La inquisición…lo de las brujas y todo eso. También persiguieron a los moriscos, fue tremendo.
-Sí, sí, claro….¡qué interesante! -piiiing, error. El tipo comenzó a darme una clase de historia local. A los tres minutos había terminado mi café y comencé a dar señales de que debía volver a mi trabajo.
-Oye, así que periodista, mira tú. Justo ayer me hicieron una entrevista para el periódico L (de alcance regional). ¡Doce preguntas me hicieron!
-Vaya, qué bien. Perdona, tengo algo de prisa.
-Sí, sí, claro. Con foto y todo salí. ¡Doce preguntas! No veas…
Cuando estábamos entrando al cono de silencio de la sala de consulta aún alcanzó a susurrarme:
-Me llamo F.M. Búscame en internet. Con “y” griega, no lo vayas a poner con “i” latina. Verás que soy famoso.

Anuncios