El sábado fui a la Feria del Libro de Madrid. Fue una grata sorpresa descubrir que, pese a la lluvia, había mucha gente dando vuelta por los casi 400 stands que hay este año en el Parque del Buen Retiro. Ese día varios escritores reconocidos firmaban ejemplares: Rosa Montero, Quim Monzó, Eduardo Galeano y Espido Freire, e incluso oí que anunciaban por al altavoz la presencia de un personaje del esperpento televisivo (la ex Gran Hermano Aída Nizar). Sin embargo, la cola más larga, los ánimos más entusiastas, los aplausos más excitados, las vestimentas más cuidadas y los ojos más brillosos no fueron a ver a ninguno de ellos, sino a alguien que jamás estuvo previsto que asistiera: Stephenie Meyer.
Meyer es una joven escritora estadounidense que trae loca a la juventud. En torno a ella y a su trilogía sobre vampiros y romance (Crepúsculo, Luna nueva y Eclipse) se ha formado una auténtica hermandad de fans que participan activamente de foros y webs, copian la estética de los personajes, atiborran cuanto evento se haga relacionado con la escritora (aunque ella no esté, como en la feria madrileña) y compran, leen, recomiendan y memorizan cada una de sus líneas. No sólo sus obras son best sellers, sino que además se está rodando una película sobre la primera de ellas y la expectación creada en torno a su cuarto libro, que se llamará Amanecer y saldrá en octubre en España, es enorme y palpitante.
El sábado su editorial local, Alfaguara Infantil y Juvenil, encabezó un acto que da una idea de la magnitud del fenómeno: aún sin contar con la presencia de la escritora mormona (que sí estuvo el año pasado), más de 300 adolescentes atiborraron el pabellón con cabida para apenas un centenar y no pararon de reir, vitorear y gritar cada vez que se mencionaba el nombre de Meyer o algún dato relacionado con su fichaje por parte de Alfaguara, su agenda de trabajo o el diseño de la portada de sus libros. Se reunieron casi por el sólo hecho de reunirse, de compartir una tarde entre afines, charlar sobre sus pasajes y personajes favoritos, contar cómo llegaron a Crepúsculo y homenajear así, a la distancia y con una fidelidad cándida y a la vez emocionante, a Meyer.
A mí me arrastró hasta el corazón de la “fraternidad crepuscular” mi amiga Belén, quien, como la mejor de las seguidoras de la trilogía, hace unos meses recorrió la pequeña ciudad de Forks en busca de los lugares donde transcurren las historias pergeñadas por Meyer. Una pena que sus fotos, además de preciosas las únicas “reales” y las más buscadas y pensadas de todas las enviadas al concurso que se organizó, no ganaran el premio. ¿El premio? Un pase para el preestreno de la película, cuál otro podría desear una auténtica seguidora de Meyer.

Foto de Belen Pose

Links:
Web oficial de Stephenie Meyer

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