Las normas y las leyes en vigencia están al mismo tiempo en continua revisión, ampliación y corrección debido a los cambios que experimentan las sociedades en su organización, estilo de vida y mentalidad. Lógicamente, el fenómeno de los blogs (y de internet en general, me atrevería a decir) no iba a escapar al hecho de ser, por su crecimiento exponencial y su amplísimo alcance, estudiado y regulado desde un punto de vista jurídico para evitar delitos (difamación y calumnas, apologías varias, etc.) y salvaguardar el derecho a la privacidad e intimidad.
Este es un tema de estricta actualidad en España por el juicio que se está llevado a cabo contra un blogger, Julio Alonso. Pero ya hace un tiempo que se comenzaron a producir casos aislados que hicieron germinar el debate acerca de cómo hacer que la justicia abarque también este ámbito de nuestra vida cotidiana sin cercenar en el proceso el espíritu abierto, participativo, informal y de alguna manera anárquico que es intrínseco a la blogosfera. En su propio seno se habla del tema y se proponen maneras para autorregular el comportamiento y los contenidos.
Es un debate apasionante y complejo en el que acaba de plantar bandera la Unión Europea: hace unos días se aprobó una resolución para regular blogs que se debatirá en septiembre en el Parlamento Europeo. Hay que decir que los primeros datos que se tienen sobre esta iniciativa no son demasiado alentadores, pues se habla de “etiquetas voluntarias” que de alguna manera servirían de garantía de honestidad y veracidad y de certificación de identidad de la fuente (!). No se alarmen todavía. Hay tiempo y formas de hacer llegar nuestras propuestas para que, de haberla, la normativa sea más acorde a su objeto de regulación y también más creativa y útil.

Anuncios