Diálogo entre dos pasajeras sesentonas (aparentemente desconocidas entre sí) de un autobús ocurrido hoy, miércoles:

– Perdone, ¿hoy es martes, verdad? Es que iba a mirar el calendario porque ando yo liada con los días.
– Sí, sí, hoy es martes (!).
– Ah, vale, gracias, martes, sí, sí, ya me parecía. ¿Usted de dónde es? Yo soy de Canarias, pero llevo muchos años viviendo en Madrid. ¿Ha visto lo estropeada que está Madrid?
– Yo soy de aquí. Pero a mí me parece que la ciudad está muy bien, muy bonita.
– No, no, está muy estropeada. Lo sé yo que cuando vine estaba recién hecha. Recién construida estaba (!). Ahora en cambio está estropeadísima.
– No sé, a mí no me lo parece. Tiene muchos parques y árboles y edificios preciosos.
– Pfff, eso sí, pero mire los suelos. ¡Los suelos! ¿No ve usted lo estropeados que están? Mire, mire (señala con un dedo unas finas grietas sobre el asfalto).
– Mmmmm….no sé. Igual es que tiene mucho trajín.

No hubo caso. La canaria insistía en que la ciudad estaba destruyéndose y que las casi imperceptibles arrugas de las calles eran el más evidente signo de que el desmoronamiento (mundo=edificio en ruinas) estaba próximo. La otra mujer pronto dejó de responderle. Se limitó a emitir uno o dos “mmm” más hasta bajarse. Enseguida otra mujer ocupó su asiento. La canaria volvió a embestir:

– ¿Usted de dónde es? Yo soy de Canarias, pero llevo muchos años viviendo en Madrid. ¿Ha visto lo estropeada que está Madrid?
– Ayyyyy, es tremendo. Yo soy de La Rioja, ¿sabe?, pero también llevo años viviendo aquí. ¡Madrid está destruída!
– Lo que yo digo, lo que yo digo. Y yo lo sé bien porque cuando yo vine estaba recién hecha. Esta no es la Madrid que yo conocí. Está destruida. Mire los suelos, mire allí y allí.
– Sí, sí, fatal, fatal, lo digo siempre yo también. ¡Adónde iremos a parar!

Cuando me bajé seguían hablando de lo mismo y sacudiendo las cabezas al unísono como dos mensajeras del apocalipsis abrumadas por la indiferencia de los que se resisten a ver las señales que anticipan el final.

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