Hace una semana y un día este blog cumplió dos años de vida. Durante este tiempo ha cambiado mucho y creo que lo seguirá haciendo, porque como a una mascota fiel no le queda más remedio que ir adaptándose a mis horarios laborales, mis humores y mis intereses diversos. El segundo aniversario me encuentra, como ya lo habrán notado quienes se pasan por aquí voluntariamente y a menudo, tremendamente ocupada y con poco tiempo para “bloguear”. Pero sé -algo he aprendido en estos 24 meses de conversación digital- que los altibajos son normales y hasta necesarios, por cuanto todo lo que uno haga o incorpore en la vida física y material termina redundando aquí, en este espacio de reflexión, encuentro y experimentación.

Los números, como siempre, son contundentes. Durante el primer año Carpe Diem tuvo 88.400 visitas, 300 posts publicados y al menos 600 comentarios. En esta segunda etapa las visitas fueron 77.400, las entradas 170 y los comentarios más de 1.100. No puedo pedir más: aún cuando dejé de “bloguear” diariamente como al principio y ya no tuve el escaparate de Periodista Digital para atraer visitantes, los comentarios -la interacción, el diálogo, la red- ha crecido de manera asombrosa y muy gratificante para mí.

Antes escribí que algo había aprendido aquí. Falsa humildad. He aprendido muchísimo, tanto acerca de mí misma como de los que se tomaron de mi mano para continuar la cadena. Y también sobre internet, la blogosfera y las tecnologías disponibles, conocimientos que me están sirviendo muchísimo para mi trabajo. El periodismo está renovando completamente sus herramientas y canales y Carpe Diem fue mi particular laboratorio para introducirme de lleno en los nuevos tiempos, con la certeza de que no hay vuelta atrás y el entusiasmo que significa embarcarse en una aventura extraordinaria.

Gracias por seguir por aquí.

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