Soy muy dada a hacer listas. De asuntos pendientes, de la compra, de películas por ver y libros por leer, de objetivos, de adjetivos perfectos, de nombres raros y de blogs por visitar y webs donde comprar. Pero también hago listas mentales de cosas más importantes. De recuerdos -flashes- que no quiero olvidar jamás, de logros del año, de amigos con los que puedo contar para todo, de ciudades y rostros inolvidables y de Momentos Periodísticos de Oro.

Me hice periodista para tener la oportunidad de vivir situaciones a las que de otra forma tendría muy difícil -o ningún- acceso, pero sobre todo conocer a personas únicas, a las que admiro por su talento y/o integridad o que me provocan una inmensa curiosidad por la vida que han decidido llevar. Ese ratito sublime de intimidad, de observación mutua y, muchas veces también, de increíble conexión entre dos personas antes desconocidas y que tal vez nunca más vuelvan a cruzarse, compensa para mí todos los gajes del oficio.

Ayer por la noche mi lista de “MPO: Grandes entrevistas” sumó otro ítem.  No pongo allí a personajes famosos por el sólo hecho de serlo (hay varios que he borrado de mi recuerdo espontáneo), sino a aquellos con los que compartí alguno de esos momentos mágicos de descubrimiento y subyugación (por mi parte, está claro, es mi veta “cholula“).

Para mí ella es una pequeña heroína moderna. Simboliza el maravilloso poder de las nuevas tecnologías para abrir canales de comunicación y expresión donde reina el silencio o aturden los gritos disuasorios. Es valiente con todos sus miedos y persistente como sólo pueden serlo quienes creen en algo.

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