Ella- Mira eso. Eso huele horrible…pfff…horrible.
Él- Asqueroso.
Ella- Yo no sé, de verdad…
Él- Asqueroso.

Hablaban de un Labrador grande color arena con collar rojo y cola bamboleante. El autobús se había detenido en un semáforo, junto a la terraza de un bar de mesas y sillas de lata. El perro estaba sentado sobre sus patas traseras junto a una pareja cincuentona  que bebía  cervezas al sol suave del final de la tarde.

Ella- Por Dios. ¿Has visto? Le ha dado un beso. ¿Lo has visto tú? Le ha dado un beso, a él, en la cara.
Él- Asqueroso.
Ella- Es que le ha dado un beso. Y lo que huelen esos perros.
Él- Asqueroso. Luego seguro que ese tío ve un niño y….
Ella- Yo no sé la gente.
Él- Qué gilipollas.
Ella- ¡Lleva pantalones colorados!
Él- Es gay (pronunciado así, “gai”).
Ella- Lo más seguro.
Él- Te lo digo yo, es gay.
Ella- Es gay. Con ese perro asqueroso.