corrientes_2009_apipe_casa

Me llevó años volver. Cuando yo fui elegí la inviolable siesta correntina para garantizarme la soledad del paisaje y el tiempo sin cortes para el viaje al pasado.

A ella también le llevó años volver. Pero no se conformaba con mirar y recordar. Quería entrar, oler, tocar, pisar, sentir y preguntar. En la calle, frente a la casa, se encontró con la nueva dueña que siempre será, a nuestros ojos, una usurpadora inescrupulosa, ciega y sorda a los ecos de nuestras risas en las paredes blancas y las baldosas frescas.

Hola, yo vivía acá de chiquita…- Dijo ella con una sonrisa cómplice y un gesto hacia la cámara de fotos que disparaba frenéticamente hacia la fachada cambiada.
Ah, bueno. – Le respondió la otra y entró a la casa en un santiamén.

Ella todavía está pensando que debería haberla retenido, explicado, que no entendió nada.

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