Se murió nomás. Hace unos días le escribí a mi hermana: “Urgente!!! Buscá porfa todos mis libros de Benedetti, los de él y las biografías que tengo (hay varias). Mandáme todo con mamá. Me parece que de esta no sale, che, y quiero escribir algo”.

Mi mamá llega el sábado. Él se murió anoche. Esa entrevista postergada ya es del todo imposible. Pero más allá de eso, de mi particular y egoísta asignatura pendiente con Benedetti, con su muerte se ha apagado una voz auténtica y profunda en su despojamiento intencionado, que le abrió el camino hacia la poesía a millones de lectores y que supo mirar el mundo con ojos siempre limpios, optimistas en su pequeña nostalgia tan uruguaya, en su sencillez digna tan oriental.

Hoy me traje el segundo tomo del Inventario de su poesía (el primero, con mis notas amarillentas, estaba ya en mi mesa desde hace semanas, esperando el paquete de libros transoceánicos para volcarse en un obituario) para leer en el camino hacia la redacción. Fue mi pequeño homenaje a la distancia, el mismo que tantos están haciendo hoy por todos lados, comentando sus poemas, recordando sus mejores versos.

Así será el mundo, Mario, un poco más triste, más solitario. Happy birthday.

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