Estoy atrasada con la cartelera cinematográfica. Un invierno europeo horroroso y una mudanza reciente (taaan reciente que ha sido este fin de semana) me han impedido entre otras cosas ir al cine con la frecuencia que acostumbro. Me quedan pendientes: La cinta blanca, En tierra hostil, The road y Precious, entre otras películas que prometen.

Tampoco seguí este año la entrega de los Oscar. Mucho tiempo atrás miraba la ceremonia con atención, tomaba notas e incluso grababa algunos momentos memorables. Pero hoy, al despertarme , dos de los premios me alegraron especialmente, porque eran mis apuestas “seguras”:  Christoph Waltz como mejor actor de reparto y El secreto de sus ojos como mejor película de habla no inglesa.

Y con respecto a esta última, que me gustó por diversos motivos, Lalo Zanoni rescata una escena que, cuando yo ví en el cine, me hizo estremecer de emoción ante su acierto, perfección y rotundidad: un plano secuencia de cinco minutos en el estado del club de fútbol Huracán. Como diría alguien que conozco “éso es saber dónde poner la cámara”.

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