Buenos Aires se parece a la locura. Al igual que ella, es caótica, desaliñada, contradictoria, irreverente, ciclotímica y ruidosa. Te agrede sin aviso, te sorprende a la vuelta de cada esquina, te abofetea y un minuto después te da una caricia inesperada. También como la locura, esta ciudad es seductora, te atrapa al mismo tiempo que borra las salidas, te enamora y te atormenta, te deja huella y ganas, en permanente lucha contra la comodidad de una vida segura y confortable, de volver una vez más a desandarla. Aunque sólo sea por unos días, por un instante.

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