El cisne negro me ha obligado a reconciliarme con Darren Aronofsky.

La película está muy bien, más allá de unos primeros planos cámara en mano que me hacían temer otra obra incómoda de los fundamentalistas de esta técnica cinematográfica. Natalie Portman tiene un Oscar muy merecido por su papel, que le debe haber supuesto casi el mismo desgaste físico y emocional (de hecho entrenó varias horas al día durante un año para este protagónico) que sufre su personaje, una bailarina clásica en caída libre. También se luce el versátil actor francés Vincent Cassel y hace un papel breve pero muy intenso la retornada Winona Ryder.

A Aronofsky lo había desterrado de mis opciones cinematográficas después de ver una película suya que más que eso era un delirio onírico sobre un árbol fantástico, pero reconozco que con The wrestler primero y con The black swan ahora se ha recuperado y resarcido. Debe ser que lo suyo es retratar personajes atormentados y masacrados por la fugacidad del éxito. Eso, sin duda, lo hace muy bien.

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