Siempre me gustaron las actrices llevadas al estrellato por los grandes estudios de Hollywood en la década de los 50 y 60. Además de hermosísimas, eran carnales, voluptuosas y pasionales, muy mujeres, tan alejadas del modelo desabrido, aniñado y andrógino que imponen en la actualidad las pasarelas y las pantallas.

Ayer se murió una de los últimos iconos de aquella época: Elizabeth Taylor. Liz tuvo la vida que se espera de una diva de su talla.

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