Hay reportajes muy duros de hacer, temas difíciles de abordar sin caer en los golpes bajos y el dramatismo y cuestiones ante las que es complicado no dejarse llevar por las emociones. Pero también son un reducto para la esperanza, ese componente que alienta a los que viven esas mismas situaciones a seguir adelante, y sirven para rescatar la labor de personas que, aún en las peores circunstancias, conservan la entereza y eligen el camino de la valentía y la generosidad.

Este trabajo sobre el uso de la musicoterapia en el área infantil del Hospital La Paz es un buen ejemplo. Me enorgullece haber podido colaborar en él con mis compañeros Laura Albor (entrevistas)  y Adriano Morán (guión e imagen).

Musicoterapia, un refugio en la UCI

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