En España se suele empezar a trabajar tarde (9 o 10), se hace una larga pausa para comer y se termina de trabajar también muy tarde (19…20…20:30?). Alentados por el clima, también se cena/sale/duerme tarde y los eventos se organizan a última hora del día. Así, es muy difícil rendir en el trabajo/estudios y más aún conciliar vida personal y laboral. Además, hay una cultura más proclive a valorar las horas que se pasan en la oficina en lugar de la productividad.

Muchos -cada vez más- reclamamos vivir y trabajar de otra manera. Queremos tiempo para el ocio, para descansar, para ocuparnos de nuestra vida personal. Sabemos que rendimos más y mejor cuando estamos contentos, descansados y enfocados. Queremos tener jornadas laborales continuadas, que arranquen más temprano y acaben antes, mucho más intensas, sí, pero también mejor aprovechadas.

Creo que esto se debe sobre todo a una cuestión generacional, e incluso de género. Los actuales directivos y jefes están acostumbrados a este modelo y muchos -mayoría masculina, por cierto- no quieren volver a casa antes, no les apetece y no saben qué hacer allí y con su tiempo libre.

Me pregunto si los que venimos, cuando lleguemos a los puestos de mando, habremos sabido tomar -y defender- otros caminos y por tanto cambiaremos esta política. O si para alcanzar esos niveles imitaremos los actuales modelos, como nos ha pasado a las mujeres en algunos ámbitos.

He escrito sobre esto en lainformacion.com: La cultura de “calentar la silla”

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