Ayer volví de Cáceres, de participar del III Congreso de Nuevo Periodismo al que me invitó el imparable César Calderón. Lo cubrí para 233grados.com, así que allí pueden, los interesados, encontrar conclusiones, resumen y hasta algún pataleo. Pero hay dos cuestiones, más personales, que quiero contar aquí.

La primera es anecdótica. En la inauguración del encuentro estuvieron los príncipes de Asturias y, tras el acto formal, compartieron con nosotros un cóctel, muchas fotos y saludos y algunas palabras. La sorpresa fue cuando, en medio de los flashes y las presentaciones apuradas (en esos momentos hasta los más rebeldes e indiferentes sufren un súbito ataque de pleitesía que los lleva a buscar un roce real con devoción de caza-autógrafos), doña Letizia se detuvo durante muchos más minutos de lo que dicta el protocolo a charlar con un pequeño grupo de mujeres.

Todas éramos periodistas como ella antes de “besar al sapo” y de su misma edad. Preguntó y respondió. Letizia Ortiz muestra una cercanía en el trato directo que al principio desconcierta, una seguridad algo exagerada y una felicidad muy acorde a su cargo. No hizo más que repetirnos lo ocupada que está -le creo- y lo poco que echa de menos su vida anterior -le creo menos.

La segunda cuestión tiene que ver con la peculiar forma de relacionarnos que está provocando internet. A través de Twitter y las redes sociales, y también de los comentarios en el propio blog y los que uno mismo deja en los blogs de otros, se van creando lazos cercanos a un nuevo tipo de amistad. Es una especie de camaradería virtual, muy cercana aunque no haya contacto físico, colaborativa, contenedora y un tanto impersonal.

Los miembros de esas pequeñas “comunidades” tenemos, como en los juegos infantiles, códigos y contraseñas. Así es que, cuando nos encontramos en congresos como éste o en los muchos eventos surgidos en el mundillo de la blogosfera y “twitterland”, sufrimos un ligero desconcierto inicial hasta que recordarmos los datos clave para participar del juego. “Hola. Soy Laura Pintos….” (No sucede nada, las puertas no se abren, hay sonrisas cordiales pero lejanas hasta que recuérdo el “ábrete sésamo”) “De Carpe Diem, soy @credula”.

Estos días en Cáceres este diálogo de marcianos se repitió mucha veces. Le pude poner cara y voz a muchos colegas y conocidos virtuales a los que he ido contactando en la Red y a quienes no me había cruzado en ningún otro sarao todavía. Pasamos momentos estupendos. Muchos de puras risas y bromas, pero también unos cuantos de auténtico debate -el que necesita momentos como éste, el que habíamos ido a buscar al congreso y terminamos encontrando en los pasillos y en los descansos- sobre nuestra profesión y la iRevolución.

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El vídeo es de Javier F. Barrera, un grande.

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