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Periodismo

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Perspectivas Wellcomm 2012

Este año he tenido el gusto de participar, junto a otros 45 profesionales, del informe Perspectivas WellComm 2012, en el que intentamos analizar la situación actual de la comunicación y el periodismo, detectar tendencias, proponer ideas y anticipar rumbos.

Se me ocurrió que podía ser útil aportar una reflexión sobre la presencia de los periodistas en las redes sociales y la importancia de la gestión de su reputación online.

Aquí lo podéis consultar.

Me sumo a mujerhoy.com

Hoy comienza para mí una nueva y excitante etapa laboral. Después de algo más de tres años dejo lainformacion.com. Allí fui parte del equipo inicial que lanzó 233grados.com -blog del que fui responsable durante los dos primeros años-  y luego el portal generalista, del que hasta ahora era su coordinadora de la sección Asuntos Sociales. Me llevo muy buenos recuerdos de todo lo vivido y aprendido y aún mejores amigos.

A partir de este momento soy la nueva responsable del portal mujerhoy.com, de Vocento. Afronto este reto profesional con muchas ganas e ilusión. Además de contar con una marca muy potente y prestigiosa y con una audiencia envidiable, creo que se trata de un medio con grandes posibilidades de crecimiento y desarrollo. ¡Allá vamos!

“El periodismo cultural no existe”

No, no existe Leila Guerriero, estamos de acuerdo. Existe gente que escribe como tú, otros que quisiéramos parecernos y muchos que disfrutamos de la lectura de buenas historias, contadas así de bien:

El periodismo cultural no existe, de Leila Guerriero

(“Un periodista es, más que un especialista, un renacentista modesto, un experto en todas las cosas pero de a una cosa por vez”).

Los “indignados” del 15M

La palabra es bonita, tiene fuerza y determinación: indignados. Ese estado compartido ante un modelo político, social y económico que no satisface hizo salir a la calle a miles de personas en Madrid el 15 de mayo y las llevó a ocupar la Puerta del Sol durante casi un mes.

Poco a poco esa rabia común se ha ido transformando en un movimiento de cambio y de presión social que se ha extendido a otras muchas ciudades de España y del mundo (la protesta es contra un sistema global, ante el que parece no haber alternativas ni protección cuando falla como en esta crisis de origen financiero).

Durante este último mes yo también he estado entre los indignados, aunque en mi caso trabajando. Es una de las coberturas más interesantes que he hecho, especialmente en la “micrópolis” que instalaron en la Puerta del Sol. Ese mini-estado espontáneo, heterogéneo, asambleario y horizontal se convirtió en una especie de reproducción a escala, intensa y vertiginosa, del ciclo vital de una comunidad.

Hemos volcado todo ese trabajo de seguimiento, análisis y reflexión en este especial y en este documental sobre Acampada Sol y el nacimiento del 15M.

Que por cierto sigue.

Para leer

Algunos reportajes que he publicado en lainformacion.com y que me gustaría compartir con quienes pasan por aquí:

- Daniel Rodríguez Díaz y su admirable historia de superación: nació con parálisis cerebral, lo cual no le ha impedido alcanzar muchas de sus metas y ser una persona que toma sus propias decisiones y disfruta de la vida intensamente.

- Marina y la Universidad de Padres: el filósofo habla de educación (“la combinación perfecta es calidez y exigencia”, explica) y de su proyecto sin fines de lucro para ayudar a las familias en este camino.

- Consejos de la Supernanny -Rocío Ramos-Paúl- para enseñar a los niños a comer correctamente.

 

Música para sanar el alma

Hay reportajes muy duros de hacer, temas difíciles de abordar sin caer en los golpes bajos y el dramatismo y cuestiones ante las que es complicado no dejarse llevar por las emociones. Pero también son un reducto para la esperanza, ese componente que alienta a los que viven esas mismas situaciones a seguir adelante, y sirven para rescatar la labor de personas que, aún en las peores circunstancias, conservan la entereza y eligen el camino de la valentía y la generosidad.

Este trabajo sobre el uso de la musicoterapia en el área infantil del Hospital La Paz es un buen ejemplo. Me enorgullece haber podido colaborar en él con mis compañeros Laura Albor (entrevistas)  y Adriano Morán (guión e imagen).

Musicoterapia, un refugio en la UCI

Reacciona

Laura Pintos/Miguel Fernández

Ante la crisis del sistema, unión y acción. Es lo que propone el libro Reacciona, escrito por once autores de diversa procedencia bajo la coordinación e idea de una de ellas, la periodista Rosa María Artal. Los demás integrantes de este “comité de sabios” que cree que es hora de plantarse y luchar por un mundo mejor, en el que el bien común prevalezca sobre el individual, son José Luis Sampedro, Baltasar Garzón, Federico Mayor Zaragoza, Ignacio Escolar, Javier Pérez de Albéniz, Juan Torres López, Ángels Martínez i Castells, Carlos Martínez, Javier López Facal y Lourdes Lucía. ‘Reacciona’ coge el testigo del ‘¡Indignaos!’, del francés Stéphane Hessel, quien prologa esta nueva obra.

El secreto de los indios corredores

Los tímidos tarahumaras custodian un secreto milenario que les permite correr distancias enormes, a diario y con gran rapidez, sin cansarse ni lesionarse. Viven en un rincón salvaje y casi impenetrable del planeta, voluntariamente recluidos entre los agudos pliegues de las Barrancas del Cobre, pero son la gente más respetuosa, saludable y feliz del mundo.

Parece ficción, pero no lo es. Es la increíble historia real salpicada de personajes y gestas de leyenda que relata el periodista Christopher McDougall en Nacidos para correr, que acaba de lanzar la editorial Debate en español tras la exitosísima edición original en inglés, que lleva más de un millón de ejemplares vendidos.

Así comienza la reseña sobre este libro que escribí en lainformacion.com. Aquí está el resto para los interesados. Sólo puedo añadir que disfruté tanto de la historia y de cómo está contada que hasta me dieron ganas (¡a mí!) de empezar a correr por los parques de Madrid en busca de la felicidad.

Los consejos de Leila Guerriero

Gracias a otro magnífico post del Gran Lobo rescaté este otro escrito de mi compatriota y colega Leila Guerriero: “¿Dónde estaba yo cuando escribí esto?”

En él, Guerriero desvela los secretos -sus secretos- para escribir una buena crónica. Habla del instinto, la concentración, la observación, el sudor y la pasión como herramientas esenciales del trabajo periodístico. Es de esos textos para imprimir (lo que equivale casi a enmarcar, en una época en que ya no imprimimos nada), subrayar, leer y releer, aprender y guardar.

Si quieren saber más de esta periodista aquí hay una entrevista reciente que le hicieron.

Guerriero ganó el año pasado el premio de la FNPI (Fundación Nuevo Periodismo Latinoamericano) por el reportaje “El rastro en los huesos”, publicado en Gatopardo.

Repreguntar, repreguntar y, en cuanto se pueda, repreguntar

Ayer el tema del día en las redacciones (y en Twitter, donde se convirtió en trending topic a nivel mundial) fue la valiente entrevista que le hizo la periodista de Televisión Española Ana Pastor al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad.

Escribí sobre esto en lainformacion.com

Mi opinión personal sobre lo sucedido -y dejando de lado las mesiánicas y paranoides declaraciones de Ahmadineyad, que constituyen la noticia a nivel general- es ambivalente. Oscila entre la admiración y la tristeza.

El primer sentimiento lo despierta Pastor en este tenso cara a cara con el líder iraní pero también cada mañana, desde que empezó en “Los desayunos de TVE”, donde hace un despliegue de profesionalidad que no abunda en la televisión. Tampoco su estilo es frecuente últimamente, a pesar de que responde a una técnica tan antigua como la profesión y que se basa, simplemente, en repreguntar, repreguntar y, en cuanto se pueda, repreguntar. Con respeto e insistencia. Sin concesiones.

En realidad no es tan sencillo. Asirse a la respuesta, diseccionarla rápidamente y volver sobre algún punto oscuro dejado en evidencia aunque sea tangencialmente encierra mucho más que rapidez de reacción. Revela una labor de documentación previa a la entrevista para saber hacia dónde apuntar, conocer a fondo al personaje y tener claro cuáles son los datos clave y supone mantener una atentísima escucha de lo que responde el entrevistado (en lugar de distraerse pensando en la siguiente pregunta, en el paso de los minutos o en otras tonterías como les/nos sucede a veces a los entrevistadores).

La tristeza viene por el lado del estado de la profesión. La actitud de Pastor no debería ser una excepción ni merecer tanta atención. Las entrevistas “incómodas” e incisivas tendrían que ser algo corriente y mayoritario. Compañeros, hemos dejado mucho por el camino (y ya sé que hay muchas excusas para ello, algunas tan fuertes como para no encontrar argumentos que las rebatan, y si no ahí están las condiciones de trabajo, la crisis y el desempleo, la extensión del amarillismo en detrimento de la seriedad y la responsabildad profesional, etcétera).

Que nos sirva como recordatorio de lo buenos y útiles que podemos ser. Que sea un aliciente para seguir por la buena senda, o volver a ella, porque es posible, se puede, hay sitio para hacerlo. Y nos gusta, nos hace hinchar el pecho de orgullo, nos reconforta sencillamente hacerlo bien.

Palabras vivas

(…)

No me gustan las palabras muertas por muy hermosas que queden amortajadas. No me gustas las palabras que no respiran, que no se mueven. Un texto es un puñetazo en algún sitio, no una descripción objetiva y científica. No me gustan las novelas silenciosas ni los poemas incapaces de volar.

Cuando escribo en este blog, o mis cosas ahora algo atrancadas, dejo que me gobierne un hilo invisible. A veces me llega melancólico, con la canciones vueltas al revés sin motivo aparente; otras, alegre, o peleón como ayer.

Sentir es lo más prohibido en esta sociedad de importantes.

Cuando escucho música sin sentimiento, sin pasión, no veo ni oígo el mar. Entre ese océano y yo hay un muro de contención, un imposible. Me sucede con muchos libros y con muchísimas crónicas periodísticas. Un texto que tiene vida es un texto que sabe de dónde viene y a dónde va y qué es lo quiere contar. Son los dedos los que aprenden a seleccionar palabras y a situarlas en el lugar preciso. Como en un rompecabeza.

Cuando escucho o leo murmullos, frases sin vocales, letanías vagas que se adhieren al paladar, me entra un sueño vertical que me tumba y allí mediomuerto de sopor aguardo la llegada del salvamento celeste. A veces es un sustantivo que despierta, una imagen que regresa de algún viaje demasiado largo o el ladrido del perro de abajo: guau. No importa lo que suene, lo importante es que lo oigas. Si lo oyes es una buena señal: estás vivo y todo lo anterior fue una pesadilla. O un post, que todo puede ser.

Ramón Lobo, en “El sentimiento de las palabras vivas”

(qué lindo aúllas, lobo)

Arianna Huffington

Arianna Huffington espera su biopic. Es el personaje perfecto para una película biográfica que dé el taquillazo: inmigrante griega primero en Inglaterra y después en Estados Unidos, adonde llegó con el corazón roto, ha seguido los pasos de su padre periodista, con varias incursiones en política (la más notoria desafiando al popular Arnold Schwarzenegger) y un matrimonio millonario que entre otras cosas le permitió fundar un portal de blogs que acaba de vender, seis años más tarde y con 60 ella misma, por 232 millones de euros.

Seguir leyendo “Arianna Huffington, emprendedora del año y mujer de película”

Meneses

Enrique Meneses es un tipo admirable. No porque tenga 81 años, que no es poco, sino porque con esas ocho décadas a sus espaldas mantiene intactas las ganas de vivir. Y de vivir a su manera, que nunca ha sido acomodada y contemplativa, sino aventurada, apasionada y desafiante. Es uno de los mejores fotoperiodistas de España, gracias a una trayectoria que construyó a base de expediciones arriesgadas por medio mundo en busca de la noticia y de los personajes que la protagonizaban.

Meneses tiene un secreto que lo mantiene aferrado a la vida: la curiosidad. Es un maestro de periodismo (su autobiografía, Hasta aquí hemos llegado, es muy recomendable), pero también, cada día, a cada instante y sin descanso, un alumno aplicado que recibe con entusiasmo los cambios y las novedades de la profesión y del mundo (tiene blog, usa Twitter, Facebook y Skype y lo que haga falta), que defiende y practica el debate, que se vuelca con sus amigos y que riega todo con un ocurrente y ácido sentido del humor que resulta envidiable.

Ayer se presentó en Madrid el documental que la periodista de TVE Georgina Cisquella hizo sobre su vida: “Oxígeno para vivir. Periodismo de la generación Magnum a la 2.0″. El acto se convirtió en un concurrido homenaje a uno de los mejores reporteros de España que, a un archivo vital de película (Cisquella supo verlo cuando lo conoció, en una entrevista que le hizo para Cámara Abierta 2.0), une un presente igual de intenso e interesante.

Meneses es un volcán que se eleva por encima de los achaques que lo intentan sujetar a una silla de ruedas, que ruge con cada bocanada de periodismo y que con su fuego nos enseña a muchos a no decaer y nos impulsa a abrir nuevos caminos para continuar avanzando.

Ser periodista, una y otra vez

Elegí periodismo por descarte, sin saber muy bien en qué me metía ni estar del todo segura de las razones que me habían llevado a ello, pero desde el minuto uno sentí que aquello era lo mío y, pese a muchos momentos adversos y ofertas tentadoras, todavía sigo pensando que es aquí donde debo estar.

En mi familia, o al menos en las generaciones más recientes, nadie se ha dedicado a esta profesión. Tampoco conocía entonces a ningún periodista, por lo que ahora, que han pasado los años, puedo imaginar la sorpresa de mis padres al enterarse de mi curiosa decisión. Estaba terminando el secundario y “algo tenía que estudiar”, pero no me convencían ni el Derecho (lo siento, mami) ni la Medicina (“no voy a seguir tus pasos, papá”).

Durante el último año de colegio había hecho concienzudo recuento de mis aptitudes y defectos y sólo tenía dos cosas claras: lo que más me gustaba en el mundo era leer y escribir y no servía para la docencia. Además era -soy- una curiosa empedernida, algo que a mí me había parecido corriente, e incluso favorecedor, hasta que mi maestra de tercer grado me dijo un día: “tu PROBLEMA, Pintos, es que sos demasiado curiosa”.

La profesora de Psicología de quinto año nos hizo un test de orientación laboral para ayudarnos en la elección. Por un motivo u otro yo fui descartando todas las profesiones que aparecían, hasta que al final sólo me quedaron tres papelitos en la mano: profesora de Historia, periodista y un tercero que no recuerdo. Periodista empezó a “hacerme tilín” y, empujada por la idea de hacer todos los días algo diferente y que me pagaran “por escribir, viajar por el mundo y conocer a grandes personajes”, terminé apuntándome en el Grafo (Escuela Superior de Periodismo Instituto Grafotécnico), el centro de estudios periodísticos más antiguo y con más solera de Buenos Aires.

Desde mi primera clase de Técnica Periodística con el estricto profesor Ferrari, periodista de La Prensa, supe que había acertado. Pasaron por aquellas aulas profesionales de los principales periódicos argentinos y con todos ellos descubrí los sinsabores que había ido depositando la profesión en su alma pero también la pasión que subyacía, pese a todo, por descubrir, entender y contar de qué iba esto a los demás. Y eso era lo que yo también quería hacer durante el resto de mi vida.

Ferrari nos hacía leer todos los días un diario distinto y a primera hora nos tomaba lección en clase sobre géneros y estilos. Gracias, profesor, fue la mejor enseñanza de base. También nos obligaba a tomar notas y nos prohibía usar grabadora. Unos años después, cuando en una de mis primeras coberturas para la agencia Télam no me funcionó aquel aparatito en medio de una rueda de prensa caótica y apresurada también agradecí su empeño en hacerme fanática del bloc y enseñarme a prestar atención a mis entrevistados.

En el Grafo hicimos nuestras primeras prácticas en una sala llena de Olivettis negras, ruidosas y pesadas. De allí salieron al principio textos horrorosos, plagados de palabras rimbombantes y opiniones ligeras, pero poco a poco ese amasijo de oraciones inútiles fue tomando forma, fondo y finalidad y aquello empezó a parecerse a lo que yo leía con tanta devoción en las páginas impresas firmadas por otros.

Empecé a trabajar como periodista gracias a una beca (el Grafo repartía unas pocas prácticas en los principales medios de comunicación de Argentina entre los mejores alumnos de cada promoción) en la agencia de noticias Télam. No se me ocurre mejor escuela para un periodista recién recibido. En Télam aprendí a fuego a escribir con precisión y concisión, a tocar todos los palos, a buscar fuentes hasta debajo de las piedras, a generar información y a correr como una velocista olímpica con hambre para publicarla. También me enseñaron lo valiosa -y dolorosa para el ego- que es una buena edición, algo que muchas veces echo en falta en la actualidad, en estas redacciones reducidas a su máxima expresión en las que no existen más los correctores y casi tampoco los editores.

Conseguí mi primer contrato allí, cuando faltaban unas pocas semanas para acabar la beca. Había trabajado muy duro para lograrlo: en lugar de las cuatro horas reglamentarias me pasaba el día en la redacción, ofreciéndome a colaborar en todas las secciones y muchas veces esperando a que se desocupara una mesa de pie en un rincón. Debía ir de viernes a lunes, pero estaba allí todos los días, y aceptaba escribir todo aquello que los demás redactores desdeñaban, ansiosa por aprender más y demostrar mi valía.

Trabajé cinco años y medio en la agencia. Tengo muchas anécdotas de esa época, propias de aquellas redacciones “manuales” que funcionaban las 24 horas, llenas de humo, genios, energúmenos y papeles. Me fui cuando era redactora especial responsable del turno de mañana de Información General (ciudad, sociedad, salud y educación). Había estado compaginando mi trabajo en la agencia con colaboraciones en revistas y suplementos de cultura para los que hacía reseñas de libros, reportajes y entrevistas a grandes escritores, músicos, artistas y actores, pero me habían ofrecido abrir un nuevo periódico y no quería perderme esa aventura, aún a riesgo de dejar un buen trabajo y mejores extras.

Nunca me arrepentí, a pesar de que las cosas no resultaron como esperaba. Fui la primera persona contratada por Metro International para abrir el diario gratuito Metro en Buenos Aires y me convertí en su redactora jefe con tan sólo 26 años. Fue la época más vertiginosa de mi vida. Durante un año y medio trabajé como una loca, rodeada de muy buenos amigos con los que descubrí cómo era crear un medio de la nada (tan de la nada que las primeras pruebas y reuniones las hicimos en una habitación de hotel) y lo durísimo que es ser, o al menos intentarlo, un buen jefe. Fue hermoso, aleccionador, agotador y apasionante. Cometí muchos errores y viví momentos épicos. Tuvo un final injusto y triste, con el cierre repentino del periódico tras el famoso corralito argentino y el consiguiente despido de toda la plantilla.

Poco después llegué a España. Emigrar se parece a nacer de nuevo: tienes que volver a tejer tus redes, explicar quién y cómo eres y de dónde vienes, buscarte una casa y un trabajo, demostrar qué sabes hacer y abrirte paso entre extraños. Debes reconstruir tu identidad. Y tienes la oportunidad, por tanto, de reinventarte, de hacer borrón y cuenta nueva. Puedes escoger ese camino que de joven descartaste, hacer lo que con el tiempo has descubierto que de verdad te gusta o cambiar radicalmente de vida.

Yo volví a elegir ser periodista. Tuve que empezar de cero. Fue duro, porque también cambiaron, y mucho, las condiciones. Pero todavía hoy, más allá de todo, disfruto de lo que hago, de cada entrevista, de cada investigación, de la pelea con las frases y las palabras que encierra cada texto. Siempre, para mí, ha valido la pena.

Varios años después de terminar la carrera recordé algo que me había sucedido de pequeña. La maestra nos había llevado de visita a la sede del periódico más importante de la capital de provincia donde me crié. En la redacción nos salió al paso un periodista canoso, con gesto preocupado y un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. Nos preguntó quién quería ser periodista de mayor. Ninguna de las niñas (era un colegio femenino) respondimos. El hombre insistió y paseó su mirada por las que estábamos más cerca de él. Yo pensé: “qué cosas más raras dice este hombre…¡periodista! A mí que no me mire”. El se rió brevemente y dijo que “menos mal, porque no se los recomiendo”. Enseguida nos llevaron a ver las planchas y las rotativas y las palabras de aquel viejo redactor quedaron sepultadas en mi memoria. Hoy pienso en ellas a menudo. Yo tampoco recomiendo dedicarse al periodismo. Requiere demasiado esfuerzo personal, está mal pagado y cargado de frustraciones y queda muy lejos de la idea romántica de viajar por el mundo. A menos que la vocación se te plante delante y no te permita eludirla ni a puñetazos. Porque entonces, cuando de verdad te apasiona, esta es la mejor profesión del mundo.

La historia de Javier Barrera.
Ser periodista o del primer mandamiento: ‘Los colegas son los colegas’

La historia de Izaskun Pérez Luis.
‘Elegí ser periodista’

20minutos.es se vuelve social

Anoche me escapé de mis obligaciones maternales por unas horas para asistir a la presentación del nuevo 20minutos.es. Aquí el fruto de mi trabajo colaborativo con los compañeros de 1001Medios.

EBE y mil y un proyectos e ideas

El pasado fin de semana asistí, en Sevilla, al EBE -Evento Blog España- por tercera vez. Sin embargo, era la primera que no tenía que cubrirlo para un medio de comunicación y, por tanto, pude dedicarme sin ambages ni culpa a disfrutar del espacio más interesante que consigue crear cada año el mayor encuentro de “desvirtualización” del país (y dicen que el segundo de Europa): los pasillos.

Es una metáfora para describir los encuentros y charlas paralelas que se producen en el EBE, fuera del programa oficial y sin premeditación, aunque sí con alevosía. Estas conversaciones entre colegas y amigos, muchos de ellos conocidos hasta entonces sólo de forma virtual o con los que, el resto del año, sólo se mantiene una relación por esa vía, se han transformado en la cita ineludible para todos los que trabajamos en el mundo del periodismo y, fundamentalmente, en la Red. El EBE es casi como un evento tomado por sus concurrentes (¡cada vez más jóvenes!), en el que se recargan pilas, se constata hacia dónde van las cosas, se comparten experiencias y se pereñan nuevos proyectos.

En Sevilla, además, hicimos el sábado una cumbre informal de 1001Medios, el Laboratorio Permanente de Comunicación del que formo parte junto con otros colegas. Si 2010 fue el año de lanzamiento, consolidación y crecimiento, lo que nos espera para 2011 es aún más interesante y promete dar mucho de qué hablar. El asunto es hacer buen periodismo, siempre lo fue y siempre lo será. Porque nos apasiona y porque creemos que cumple una función social ineludible y necesaria. Estamos experimentando en el cómo.

Comillas, taller y lluvia

El fin de semana pasado estuve en Comillas (Cantabria) disfrutando de su precioso paisaje, del V Congreso de Nuevo Periodismo, de la compañía de mis grandes colegas de 1001 Medios y, bastante menos, del frío y de la lluvia que nos acompañaron sin pausa. Los “milyun” dimos un taller que produjo Javier Barrera (Ideal de Granada) y presentó y moderó de manera admirable Javier Casal (Cadena SER).  Más allá de algunos problemas técnicos con las conexiones  (sumamos a la charla a periodistas de Caracas, México y Madrid) que nos dieron un par de lecciones, la tarde fue muy productiva y el debate que se estableció, tanto de manera presencial como a través de Twitter (transmitimos el evento en directo por internet),  nos dejó una sensación muy grata.

A mí me tocó, una vez más, hacer un resumen de cierre del taller. Aquí dejo algunos apuntes de mis palabras:

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En Granada se habla de medios y de blogs

Esta tarde parto hacia Granada. Voy a participar (¡por fin! el año pasado me quedé con las ganas) de las VII Jornadas Blogs y Medios de Comunicación, que organiza la Asociación de Periodistas Digitales de Andalucía (APDA). Además de cubrir el evento para 233grados.com, me toca estar como ponente en la mesa moderada por Ana Lozano, de la Asociación de Mujeres Periodistas de la Asociación de la Prensa de Granada, sobre “Surfin’ The Web (tendencias)”. Las jornadas y las espléndidas tierras granadinas congregarán a gente tan valiosa como Javier Barrera, Bárbara Yuste, Wicho, Rosa J. Cano, Virginia P. Alonso, Raúl Ordóñez, Daniel Seseña, Silvia Cobo y mis compañeros Vanessa Jiménez y Antonio Martínez, entre otros (aquí el programa). Allá voy…

El micromundo de los corresponsales

En lainformacion.com/233grados.com estoy publicando una serie de entrevistas a corresponsales de medios extranjeros en España. Me parece muy interesante ver cómo trabajan estos profesionales, cuál es su visión de la actualidad e idiosincrasia españolas y qué temas interesan en sus respectivos países. También, comparar sus diferentes puntos de vista y percepciones, así como descubrir varias coincidencias entre todos ellos (como lo difícil que les resulta transmitir a sus lectores la peculiar organización administrativa en España, con ámbitos y competencias nacionales, regionales y autonómicas, además de los nacionalismos).

Llevamos tres entregas. Se trata de un trabajo multimedia, con la participación de mis compañeros de Vídeo y de Nuevas Narrativas, que ha dado el toque de gracia con un formato interactivo y muy práctico de “roscón” de preguntas:

- Josto Maffeo, de Il Messaggero (Italia)

- Giles Tremlett, de The Guardian (Reino Unido)

- Juana Samper, de El Tiempo (Colombia)

La próxima se publicará el lunes (la serie sale siempre ese día, salvo contingencias mayores) y será a Nuno Ribeiro, de Público (Portugal).

El profesor Miguel Ángel Jimeno ha tenido la amabilidad de reseñar esta serie en su blog La buena prensa.

Actualización 5/04

- Nabil Driouch, de Medi 1 SAT (Marruecos)

Actualización 12/04

- Javier Cáceres, de Süddeustche Zeitung (Alemania)

Cara a cara con Pedro J.

Y sí, entrevistar a Pedro J. Ramírez, el polémico, inteligentísimo y hábil director de El Mundo constituye un pequeño hito profesional. La charla se produjo el jueves pasado, en su despacho en la sede central, madrileña, de Unidad Editorial y tras una breve, y muy amable por su parte, gestión. Confirmé que es un personaje imposible de “torear”, listo, muy educado e impaciente bajo una apariencia de calma y también que disfruta del intercambio dialéctico tanto como yo.

Pedro J.: “Orbyt ya ha superado nuestras expectativas con 3.000 suscritptores de pago”

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